Benedicto XVI a cuatro años de su renuncia y su papel como Vicario de Cristo y cabeza espiritual de la Iglesia

misa

  • A los cuatro años de su obligada renuncia, es cada vez más evidente que Joseph Ratzinger renunció al ministerio de obispo de Roma y a los cargos administrativos del Papado, mientras que manifestó que él mantendría el primado petrino y seguiría llevando sobre sus hombros la carga y la vocación de ser el Vicario de Cristo
  • Una de las más agudas y encendidas discusiones entre destacados canonistas es la que se refiere a la invalidez de la renuncia del Papa Benedicto XVI al haber sido amenazado de cisma y de muerte

Quienes sostienen que la renuncia fue inválida argumentan que, si bien Ratzinger anunció que dejaba el papado libremente por no tener ya las fuerzas para enfrentar graves problemas de la Iglesia, su decisión no fue del todo libre, pues estuvo constreñida por dos amenazas: de muerte y de cisma. Esas coacciones, que vinieron a conocerse posteriormente, habrían hecho el acto de la renuncia jurídicamente nulo, por inexistencia, dado que la presión moral a que fue sometido invalidó ese acto.

El grupo de canonistas que sostiene la invalidez de la renuncia tienen hoy al menos cuatro elementos a su favor.

avennire

Primero, la publicación de L´Avennire, el periódico de los obispos italianos que, en su gaceta del 7 de enero de 2015 reveló que Benedicto XVI fue objeto de una traición y de una conjura, mediante las cuales lo coaccionaron a dimitir. En la página 2 del periódico, sección editorial a cargo del director Marco Tarquinio, se lee: "hubieron ambientes que por motivos de poder y hostigamiento, traicionaron y complotaron para eliminar al Papa Ratzinger, y lo obligaron a renunciar".

Segundo, la revelación del sacerdote jesuita Arnaldo Zenteno en el número 3 de su "Informe" sobre la sucesión, en donde afirma que, cuando el recién electo Francisco fue a Castel Gandolfo para visitar a Benedicto XVI, éste último le confió, en el almuerzo, cómo una de las causas que más influyeron en su renuncia fue constatar las amenazas que recibió, "pues ya se había tomado la decisión de matarlo".

papas

Tercero, la amenaza de cisma por la que un grupo de cardenales, sobre todo alemanes, le hicieron saber que tenían una lista con firmas de sacerdotes, religiosos, obispos y cardenales modernistas prontos a constituir una nueva Iglesia separa de Roma si él no aceptaba sus exigencias.

Cuarto, la declaración del cardenal Godfried Danneels en la que admitió haber formado parte de un "club mafia", un grupo de diez cardenales que complotaron para que Joseph Ratzinger no fuera electo Papa en el cónclave de 2005 y, al no haberlo logrado, hicieron todo lo que pudieron para presionar a Benedicto a renunciar y poder llevar a Bergoglio al poder.

Esas dos amenazas, de muerte y de cisma, hicieron que la resolución de Benedicto XVI haya estado viciada in radice ("desde su raíz", no subsanable), ya que la violencia moral a la que fue sometido anuló canónicamente la validez del acto de su renuncia.

Pero hay todavía una prueba más contundente que las cuatro anteriores, y es el discurso de despedida que el mismo Papa Ratzinger pronunció ante la curia romana el 27 de febrero, un día antes de tomar el helicóptero para retirarse temporalmente a Castel Gandolfo.

En esa alocución se refirió a la invitación que recibió de Dios cuando fue electo sucesor de San Pedro el 19 de abril de 2005. En esa ocasión dijo (párrafo 23) que la vocación que recibió de Cristo es ad vitam (para toda la vida) y que, por ello, nunca podrá renunciar a ella (como siempre lo entendieron todos los Papas en la historia de la Iglesia): "El siempre es también un para siempre, no hay más un retorno a lo privado". "Mi decisión de renunciar al ejercicio activo de ministerio (no al espiritual) no revoca esto (el primado petrino)". 

despedida

Además, Benedicto estableció, ante los órganos jurídicos de la Iglesia, que él conservaría la sotana blanca, mantendría el apelativo "Su Santidad", conservaría las llaves de Pedro en su escudo, y seguiría siendo Papa, añadiendo simplemente el epíteto "emérito". Esto último es muy significativo pues, cuando el Papa Gregorio XII renunció, volvió a ser cardenal, y cuando el Papa Celestino V renunció, volvió a ser monje. No lo estableció así el Papa Benedicto XVI. Él estableció que seguiría siendo Papa, caso totalmente inédito en la historia de la Iglesia.

Ese discurso expresa claramente la convicción de que él seguiría siendo Vicario de Cristo y cabeza espiritual de la Iglesia, y de que solamente estaba renunciando a los cargos administrativos del papado. En su mente, una cosa es el ministerio del obispo de Roma, y otra cosa es el primado petrino, el cual es ad vitam y al que no se puede renunciar. Sic et simpliciter.

 

 Benedicto XVI Magno: ¡Grande entre los Grandes!