Carta abierta a Jorge Traslosheros

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Estimado Jorge:

He leído con detenimiento tu artículo "El gran acontecimiento de la Iglesia en 2016", publicado en La Razón el 20 de enero de 2017, en referencia a la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Debo confesar que me han sorprendido varias de tus afirmaciones pues siempre te he considerado un buen católico y una persona formada en la fe. Con todo, he de comentar que, en esta ocasión, tu escrito deja ver no poca consistencia con la fe católica y con el Evangelio por lo cual, y en vista de que hay varios lectores que son amigos en común, quisiera responder puntualmente a algunas de tus aseveraciones.

En primer lugar afirmas que las críticas a la Exhortación son una "reacción agresiva de algunos minoritarios y muy ruidosos grupos católicos". Ante esta sentencia, me permito recordarte que la fe no se trata de una cuestión de mayorías, o de democracia. En el tercero y cuarto siglo del cristianismo, el 98% por ciento de los obispos cayeron en la herejía, incluso el Papa y el Emperador. Solamente San Atanasio y un pequeño grupo de obispos estaban en lo correcto, resistieron a la herejía y lograron salvar la fe verdadera. Me pregunto si no nos encontramos hoy en la misma situación: una mayoría que está de acuerdo con el contenido liberal, modernista y reformador del citado documento, pero fuera de la fe católica, y una "minoría", como tú le llamas, gracias a la cual se está logrando salvaguardar la integridad de la doctrina evangélica.

La fe tampoco es cuestión de apertura y adaptación a los tiempos actuales, el Evangelio es el mismo ayer, hoy y siempre, no está para ser cambiado de acuerdo a la novedad de las situaciones como si fuera una ideología sociológica que es necesario adecuar. La fe es inmutable, no puede estar sujeta al prurito de querer adaptarla para ser aceptada por el mundo. Así lo expresó San Pablo en su carta a los gálatas: "Si cualquiera, incluso nosotros, o un ángel del cielo (le faltó decir o un Papa) os anunciara un Evangelio distinto al que os hemos anunciado, sea maldito" (Gal 1, 8).

Después, Jorge, afirmas que esa minoría "no asimila el llamado que hace el Papa al acompañamiento pastoral de no pocas parejas que viven en situaciones difíciles y a entender esas realidades como una oportunidad de crecimiento en la Gracia y no como prácticas irregulares condenables en sí mismas". Personalmente, no he encontrado un solo crítico del documento que rechace el acompañamiento pastoral a los divorciados vueltos a casar que la Iglesia siempre ha llevado a cabo. Lo único que he encontrado es la respuesta, de cardenales, obispos, sacerdotes y teólogos preocupados, reafirmando la doctrina establecida por Jesucristo, acerca de la indisolubilidad del matrimonio y la santidad de la Eucaristía, señalando que aquellos que viven en estado de pecado mortal no deben, para evitar la condenación eterna de su alma, acercarse a recibir la comunión.

Es cierto que muchos de los matrimonios son inválidos, por inmadurez o falta de fe, pero un matrimonio válido es absolutamente indisoluble, si nos atenemos a las palabras de Cristo "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" (Mt 19, 3). Lo único que puede terminar ese matrimonio es la muerte de uno de los cónyuges. Por ello, lo que señala esa minoría crítica a la que tú te refiere, es la gravedad de una ética casuística que pudiera irse imponiendo en la praxis, y que el "discernimiento de situaciones particulares" promovido por Amoris Laetitia, pueda opacar la realidad moral de los actos intrínsecamente malos, haciendo que los fieles olvidemos que el mandamiento de Dios "No cometerás adulterio" no admite excepciones bajo ninguna circunstancia. No se puede vivir en pecado justificando la buena intención. La moral subjetiva sobre la ley objetiva fue uno de los peores males que el hereje Lutero introdujo a la Iglesia.

Por otro lado, criticas a esa "minoría" de los que cuestionan el documento de Bergoglio calificándolos de un "fariseísmo en el cual es muy fácil caer cuando nos olvidamos de la hermenéutica de la misericordia". A mi me parece, Jorge, que la postura de este grupo de jerarcas de la Iglesia es todo lo contrario: si algo están demostrado es tener una gran misericordia hacia aquellos que están siendo engañados por la Exhortación para que se acerquen a comulgar a pesar de estar viviendo en una situación objetiva de pecado. De allí la grave advertencia de San Pablo: "quien come indignamente el cuerpo del Señor, come su propia condenación" (1 Cor 11, 29). El Magisterio y la Tradición, así como el Catecismo de la Iglesia Católica, siempre han señalado que quien vive en una segunda unión sólo puede acercarse a comulgar si vive en castidad, es decir, como hermano y hermana. ¿Tal cosa es heroica? Puede ser. Pero conozco a muchos en esa situación que viven de esa manera siguiendo los mandamientos de la Ley de Dios. Esa es su cruz y así se están santificando. Y Dios les da la gracia para vivir de esa manera. Lo que no se puede, como aparece en la Exhortación, es afirmar que eso es un "ideal" inalcanzable.

Por último, si te tomas la molestia de leer con detenimiento las "dudas" de los cardenales Brandmüller, Burke, Caffarra y Meisner, a las que se han ido sumando otros señores cardenales y obispos, verás que su preocupación nace al constatar que las afirmaciones de Amoris Laetitia están en abierta contradicción con el Magisterio de los Papas anteriores, sobre todo de San Juan Pablo II. Ellos le preguntan a Bergoglio, con todo respeto, si debemos desechada las enseñanzas de sus predecesores, las cuales se basan en las Escrituras:

1. ¿Debemos entender, siguiendo las afirmaciones de Amoris Laetitia (300-305), que a partir de ahora es posible dar la absolución en el sacramento de la penitencia y admitir a la sagrada comunión a una persona que, estando sujeta por una unión matrimonial válida, vive con una persona diferente more uxorio (como si estuvieran casados, incluyendo las relaciones sexuales) sin cumplir con las condiciones provistas en Familiaris Consortio 84 (que nos indica el requisito de terminar la relación adúltera separándose o viviendo como hermanos por razones graves, como la crianza de los hijos) reafirmadas luego por Reconciliatio et Paenitentia 34 y Sacramentum Caritatis 29. ¿Se puede aplicar la expresión "en ciertos casos", encontrada en la nota 351 (n. 305) de Amoris Laetitia, a personas divorciadas que están en una nueva unión y que continúan viviendo more uxorio?
2. Después de la publicación de Amoris Laetitia (n. 304), ¿debemos seguir considerando válida la enseñanza de la encíclica de Juan Pablo II, Veritatis Splendor 79, basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, sobre la existencia de normas morales absolutas que son obligatorias sin excepción y que prohíben actos intrínsecamente malos?
3. Después de Amoris Laetitia (301) ¿es aún posible afirmar que una persona que vive habitualmente en contradicción con un mandamiento de la ley de Dios, como por ejemplo el que prohíbe el adulterio (Mateo 19:3-9), se encuentra en una situación objetiva de pecado habitual grave (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Declaración, 24 de junio, 2000)?
4. Después de las afirmaciones de Amoris Laetitia (n. 302) sobre las "circunstancias que atenúan la responsabilidad moral," ¿debemos seguir tomando como válida la enseñanza de la encíclica de Juan Pablo II, Veritatis Splendor 81, basada en las Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia, según la cual "las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto 'subjetivamente' honesto o justificable como elección"?
5. Después de Amoris Laetitia (n. 303) ¿debemos considerar todavía válida la enseñanza de la encíclica de Juan Pablo II, Veritatis Splendor 56, basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, que excluye una interpretación creativa del rol de la conciencia y que enfatiza que la conciencia jamás puede ser autorizada a legitimar excepciones a las normas morales absolutas que prohíben actos intrínsecamente malos en virtud de su objeto?

Al no obtener respuesta a estas preguntas seis meses después de haber sido planteadas, es que los cardenales están pensando hacer una corrección pública a Bergoglio. Como dijo hace poco el cardenal Raymond Burke (no se llama Edmund como tú escribes), lo que está en juego no es simplemente la doctrina, sino la salvación eterna de las almas.

Si quisieras ahondar un poco más en las preocupaciones de los obispos, teólogos y cardenales que han levantado su voz por las contradicciones escritas en la Exhortación, me permito anexarte un resumen que hice de las mismas en mi página de internet "UltimosTiempos".

También te anexo un artículo explicativo de porqué es posible que Bergoglio haya escrito algo herético: simplemente porque no es verdaderamente Papa. En mi artículo explico sencillamente porqué no lo es.

Reiterándote mi admiración y afecto de siempre me suscribo atento y s.s.,
José Alberto Villasana

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