El Juicio a las Naciones

Muchos se preguntan si es posible denominar “Parusía” a los mil años del Reino de Dios en la Tierra, como lo hace el P. Leonardo Castellani y si el Retorno glorioso de Cristo acontecerá al fin del mundo, o si este acontecerá en una venida intermedia para instaurar su Reino en el mundo.

Hasta cierto punto es correcta la idea de designar como Parusía a los mil años que vendrán del Reino de Cristo en la Tierra, ya que “Parusía”, del verbo griego parousein, significa manifestarse públicamente, y la hermenéutica nos permite combinar los typos alegórico-espiritual, por lo que incluso sería correcto llamar “parusía” a los 3 años de la vida pública de Jesucristo (como “manifestación visible” ante sus coetáneos) e incluso, podría llamarse también Parusía a todos los 33 años de su vida en este mundo.

Sin embargo, a la par de esa interpretación, habría que tomar en consideración también la interpretación literal-simbólica, la cual es más concreta y definida.

Esa hermenéutica sitúa la Parusía, o retorno glorioso de Cristo, en un lugar específico, en el Valle de Armagedón, al norte de Israel, y en un momento concreto de la historia, cuando el Anticristo tenga sitiada la ciudad de Jerusalén a punto de destruirla, al mero final de los siete años de la Gran Tribulación, como nos lo señala San Juan en el capítulo 16 de su Apocalipsis (Ap 16, 16).

En ese valle, nos dice el apóstol, Jesús apresará al anticristo y al falso profeta para lanzarlos al fuego eterno, y encadenará a Satanás para que ya no siga engañando a la humanidad. El apóstol San Juan abunda en detalles: Cristo vendrá sobre un caballo blanco como “Rey de reyes y Señor de señores”, acompañado de todos sus ángeles y santos, estos últimos también montados a caballo como ejército en orden de batalla.

Después de derrotar al Anticristo, en la batalla de Armagedón, Jesucristo subirá al Monte de los Olivos, nos dice entre otros profetas Zacarías (Zac 14, 4), y desde allí llevará a cabo el Juicio a las Naciones, acontecimiento que no debemos confundir con el Juicio Universal, que se dará al fin del mundo.

El hecho de que San Mateo (Mt 25, 32) y el profeta Sofonías (Sof 3, 8), así como el profeta Jeremías (Jer 25, 29) mencionen que Jesús juzgará a las naciones y apartará a las unas de las otras como el pastor separa corderos de cabritos, alude necesariamente a la situación reinante hasta la Gran Tribulación y la Parusía, ya que en el Reino de Cristo no habrá naciones, como tampoco habrá credos y religiones distintas, ya que habrá un solo rey, un solo rebaño y un solo pastor.

El Juicio a las Naciones va dirigido eminentemente a los paganos, según se hayan aliado a Dios o al Anticristo. El Juicio Universal, al fin de la historia, va dirigido a todos los seres humanos.

Después de la Parusía y el Juicio a las Naciones, Jesucristo restaurará el sacrificio sagrado que había sido suprimido por el Anticristo, como refieren el profeta Daniel (Dan 9, 27) y San Mateo (Mt 24, 15) e inaugurará su reinado de paz, santidad y justicia en el mundo. Ese reino, según San Juan, durará mil años, pudiendo significar un periodo largo, o ser efectivamente mil años físicos.

Por otro lado, en el mismo Credo de la Iglesia profesamos que Jesucristo, quien ahora está sentado a la derecha del Padre, vendrá desde allí “para juzgar a vivos y muertos”. Esta situación no puede referirse más que al Juicio a las Naciones, ya que el Juicio Universal se llevará a cabo inmediatamente después de la resurrección de la carne. Es decir, para el juicio Universal, todos  habrán sido previamente resucitados, después de que Cristo haya entregado el Reino milenario a su Padre.

También lo señala claramente San Pablo (1 Tes 4, 16) al hablar del misterio del rapto de los fieles y de la primera resurrección, la de los santos (diferenciándola claramente de la segunda resurrección, la del resto de los seres humanos al fin del mundo). En ese pasaje nos dice: “…entonces el Señor descenderá del Cielo, y los que hayan muerto en Cristo (es decir los santos, no todos) resucitarán en primer lugar, luego los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos sobre las nubes…” El mismo apóstol diferencia la primera resurrección, de la resurrección general de los demás muertos y el Juicio Universal, el cual ya no tendrá lugar en esta tierra, sino en el Cielo. También San Juan precisa, en el capítulo 20 del Apocalipsis (Ap 20, 12) que para el Juicio Universal “habrán desaparecido la tierra y el cielo, y ya no quedará nada de ellos”.

Debido a esta distinción substancial, lo anunciado por los ángeles a los discípulos el día de la Ascensión “Ese Jesús que habéis visto subir a los cielos, así mismo lo vereis venir entre las nubes” (Hch 1, 11) lo debemos situar necesariamente en su segunda venida en el Valle de Armagedón, al final de la Gran Tribulación, y no en el Juicio Final.

Después de la Gran Tribulación y de la Parusía, nos dice San Pedro (2 Pe 3, 13), habrá “cielos nuevos y tierra nueva”, con lo cual podemos distinguir la situación actual del reino milenario de Cristo, que sí tendrá fin, y del reino celestial, el cual ya no tendrá fin…

El Padre Antonio Van Rixtel, religioso experto en el tema de los Últimos Tiempos, resume que, en su Parusía, Cristo vendrá para cuatro cosas: 1) tomar consigo a los justos y resucitar a los santos, 2) destruir al Anticristo y quienes impusieron un gobierno mundial apóstata por siete años, 3) encadenar a Satanás y restaurar la naturaleza humana íntegra y substancialmente, y 4) inaugurar su Reino en el mundo.

Ahora bien, el Magisterio de la Iglesia nos deja en libertad de concebir solo dos venidas de Cristo, en Belén y al fin del mundo, o tres venidas, con esta venida intermedia, al final de la Gran Tribulación. A la primera postura se le conoce como “sistema preterista”, al situar la Parusía al final de la historia, mientras que a la expuesta por un servidor se le llama “sistema lacunziano”, ya que fue el Padre Manuel Lacunza quien retomó la tesis en tiempo modernos. También se le conoce como “sistema intermedio”.

El Magisterio de la Iglesia solo condena, por un decreto del Papa Pío XII de 1944, la idea de que después de la Parusía, Cristo se vaya a quedar reinando en el mundo “visiblemente” (visibiliter dice el documento), con lo cual el decreto rebate la tesis de un reinado físico o carnal de Jesucristo. Por ello se deduce que, después de su Parusía y del Juicio a las Naciones, Jesús volverá a subir a los cielos para quedarse reinando espiritualmente desde la Eucaristía…

He de reconocer que son pocos los que siguen el sistema lacunziano, la mayoría de los teólogos concibe la Segunda Venida al fin del mundo, siguiendo una interpretación del segundo San Agustín.

Lo malo es que la mayoría de los preteristas, debido a la interpretación de la Parusía como evento final, se convierten fácilmente en antimilenistas, es decir niegan que Cristo vaya a reinar en este mundo, realidad esencial sin la cual nuestra fe queda completamente trunca y hasta cierto punto incomprensible.

Además, queda en pie la pregunta, si borramos la venida intermedia, de qué acontecimiento histórico es el que cierra los tiempos de las naciones y la Gran Tribulación, y da inicio al milenio.

En este sentido, es elocuente lo que escribió el P. Stefano Gobbi en la Noche Santa de 1978: “Semejante a la primera venida de Cristo será su segunda venida. Como fue su nacimiento en esta Noche Santa, será el retorno glorioso de Jesús en gloria, antes de su tercera y última venida para el Juicio Final, cuya hora está escondida en los secretos del Padre. En su segunda venida, el mundo se hallará envuelto en las tinieblas de la negación de Dios, en su obstinado rechazo, en rebelión contra su Ley de amor. Entonces, vendrá Jesús de improviso, y el mundo no estará preparado para su llegada. Vendrá a instaurar su Reino, una vez que haya derrotado y aniquilado al anticristo y a quienes lucharon contra Dios. También es esa segunda venida, el Hijo vendrá a nosotros a través de su Madre. Por ello, esta es la hora del Corazón Inmaculado de María, porque se está preparando ya la venida del glorioso Reino de amor de Jesús”.