El Gran Aviso de Dios Featured

De muy diversas maneras, Dios ha intervenido en la historia para salvar al hombre, llamándolo y cuidando de él con cariño de Padre. En el exceso de su amor y misericordia nos envió a su propio Hijo, el cual dio la vida por nosotros hasta aceptar el sacrificio redentor en la cruz. También nos envió al Espíritu Santo, el amor mismo, para darnos luz y fortaleza sobrenatural. Además, su santísima Madre ha venido en diversos momentos a nuestro encuentro, recordándonos que Dios nos ama y es preciso volver a Él.

En una de sus apariciones más recientes (1965, Garabandal, España) la Virgen María nos hizo saber que habrá una grande y definitiva intervención divina, un llamado a la humanidad para volver a Dios.

Ese Aviso es, por tanto, una bendición espiritual que proviene de la misericordia y del amor divinos. Es la trompeta que anuncia el retorno glorioso de nuestro Señor Jesucristo para renovarlo todo. El Aviso, que será experimentado por toda persona, conllevará una efusión del Espíritu Santo, para que el hombre crezca en santidad y se fortalezca como testigo de Jesús ante el mundo.

El Aviso tendrá un elemento externo y otro interno. Externamente, será un fenómeno cósmico, fruto de la colisión de dos asteroides chocando dentro del sistema solar. El cielo se tornará rojo y se verá una gran cruz luminosa y blanca en el cielo.

Internamente, será como un juicio particular: cada persona experimentará la iluminación de su conciencia por la cual se verá a sí misma como Dios la ve. Con esa iluminación podremos apreciar el estado de nuestra alma y las consecuencias de nuestros pecados. Eso nos hará sentir gran dolor y nos llevará a una profunda conversión a Dios.

El Aviso no es un castigo, es una oportunidad de renovación. Todos veremos el bien y el mal obrado en nuestra vida y las consecuencias de ello. Habrá colas inmensas en los confesionarios. Muchos pedirán el bautismo. La mayoría se convertirá al bien y a la santidad, aunque algunos se volverán más obstinados en el mal y en el pecado. Pero ya no habrá indefinición, medianías o indiferencia: después del Aviso se estará con Dios o contra Él con plena claridad, conciencia y libertad.

Dos acontecimientos de la Biblia se pueden comparar con los efectos del Aviso: cuando San Pablo, camino a Damasco, fue derribado del caballo por el fulgor de Cristo resucitado, cambiando su vida de persecutor de los cristianos en discípulo incondicional de nuestro Señor; y Pentecostés, cuando el Espíritu Santo bajó sobre los doce apóstoles cambiándolos de hombres temerosos en ardientes promotores de la fe en Cristo hasta los confines del mundo.

Después del Aviso, algunos tratarán de engañar al mundo explicando una causa “científica” natural del evento y ocultando que en realidad es de origen divino. Por lo tanto, urge difundir la noticia del Aviso como lo que realmente será, un acto sobrenatural que procede de Dios.

¿Qué hacer antes, durante y después del Aviso?
Antes: hacer un examen de conciencia de nuestra vida y, de ser posible, una confesión general. Incrementar la oración con sentido de enmienda y reparación. Rezar el Rosario diariamente y tratar de recibir la comunión también todos los días. Anunciar a los más posibles el evento del Aviso.
Durante: no tener miedo, confiar en la misericordia y en el amor de Dios que sólo busca nuestro bien. Pedirle su Espíritu para renovarnos y volver a Él de todo corazón.
Después: aprovechar la oportunidad que se nos da para sopesar las cosas a la luz de la vida eterna dejando toda preocupación material en manos de Dios y dedicándonos a difundir el inminente retorno de Cristo para instaurar su reinado de paz, amor y santidad. Bautizar a quienes lo pidan recordando que cualquier cristiano tiene la posibilidad de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo después de un arrepentimiento sincero de los pecados y con la fe de que el agua recibida sobre la cabeza significa la purificación del pecado original y los pecados propios, con el propósito de no volverlos a cometer y de llevar una vida nueva en comunión y amistad con Dios.

Con el Aviso, Dios nos preparará para dar testimonio de Él con valentía, como hizo con los primeros doce apóstoles, los cuales hicieron que la buena noticia del Evangelio llegara hasta los confines de la tierra.
Rate this item
(6 votes)
Last modified on Miércoles, 15 Julio 2020 11:00
José Alberto Villasana Munguía

José Alberto Villasana Munguía es escritor y analista de escenarios políticos, económicos y religiosos internacionales.

Estudió Teología (Universidad Gregoriana de Roma), Filosofía (Universidad Angelicum de Roma), Humanidades Clásicas (Centro de Estudios Superiores de Salamanca, España) y Comunicación Internacional (ITAM, México), especializándose en Escatología desde 1995.

Es Consejero Académico del Instituto Internacional de Derechos Humanos.

Es miembro directivo del Club de Periodistas de México.

Es Presidente de la asociación civil Vida para Nacer.

Ha recibido en tres ocasiones el Premio Nacional de Periodismo en categorías de Investigación de Fondo.