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El Segundo Pentecostés

¿Qué es el nuevo o segundo Pentecostés? ¿Qué acontecerá a los hombres y a la Iglesia durante el mismo? ¿Cuándo sucederá? ¿Quién es el protagonista? A estas preguntas trataremos de acercarnos sabiendo que el tema es mucho más amplio de lo que abarcan estas líneas. Aquí presentamos tan solo un breve resumen sobre la cuestión.

El protagonista: el Espíritu Santo
Para muchos, el Espíritu Santo es el gran desconocido. Lo han visto representado en pinturas con la figura de una paloma, han escuchado de Él en alguna celebración religiosa, pero en general desconocen su identidad. Por allí vamos a empezar.

El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad, el amor infinito entre el Padre y el Hijo. Siendo un único y mismo Dios son tres personas distintas unidas íntimamente. Por ello mismo, al ser Dios, el Espíritu Santo es también increado, todopoderoso, omnisciente, glorioso y eterno. Es la sabiduría que asistió al Padre en la creación del universo, y continúa hoy creando y renovando todas las cosas. Es el amor que Dios entrega al hombre para habitar dentro de él desde el bautismo. Es el amor de Dios en nuestro corazón.

Sus cualidades son la fuerza espiritual, la sabiduría, la belleza y el amor. Es la sabiduría increada actuando como el poder de Dios desde el comienzo de la creación, y conduciendo la historia de la salvación. Por los profetas, el Espíritu Santo fue preparando la historia de la salvación hasta llegar a la plenitud de los tiempos, cuando fecundó el seno de la Virgen María y suscitó la encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo. Después, el Espíritu Santo ungió a a Jesús a los 30 años, en el bautismo del rio Jordán, para inspirar sus palabras y para que obrara toda clase de curaciones, signos y milagros.

El Espíritu Santo es quien resucitó a Jesús de entre los muertos y es el gran regalo que Jesús hizo a sus discípulos después de su Resurrección. Es también el don que Jesús otorga hoy día a cada persona al momento de ser bautizada.

El Espíritu Santo es el creador y dador de vida, el santificador, proclamado en la liturgia como defensor del hombre, don del Dios altísimo, fuente de agua viva, fuego, amor y unción espiritual.

En el Bautismo, el Espíritu Santo infunde en el alma sus siete dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fuerza, ciencia, piedad y temor de Dios. Y produce nueve frutos en la persona que se deja guiar por Él: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza.

Aparte, el Espíritu Santo distribuye, no para uno mismo, sino para el servicio de los demás, cerca de veinte dones carismáticos, entre los cuales están: sanación, liberación, servicio, discernimiento, sabiduría, generosidad, administración, dirección, profecía y enseñanza.

Cada que se renueva espiritualmente el bautismo en el Espíritu Santo, los siete dones bautismales y los dones carismáticos son reavivados y fortalecidos.

Pentecosés
El mismo Jesús, tras su resurrección, ordenó a los discípulos que permanecieran en Jerusalén, pues, como les dijo, «seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hechos 1, 5); y añadió: «recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hechos 1, 8).

Obediendo esa indicación, 10 días después de la ascención de Jesús a los cielos, los discípulos se encontraban con María, la madre de Jesús, en el cenáculo, orando y celebrando la fiesta de Shavuot (de la cosecha). Esa fiesta la celebran los judíos 50 días después de la fiesta de Bikkurim (primeros frutos), día en que Jesús resucitó de entre los muertos como primer fruto de la resurrección.

Además de la cosecha de los 50 días de primavera, la fiesta de Shavuot conmemora la entrega de las tablas de la ley por parte de Dios a Moisés en el Monte Sinaí, lo cual adquiere un gran sentido espiritual. Ya no se trata de leyes externas que es preciso acatar, sino de una ley interna escrita por el Espíritu Santo en el corazón. El amor y la libertad superando la antigua ley.

Shavuot pasó a ser conocida por los cristianos como Pentecostés, que significa literalmente 50 días.

El capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles narra lo que sucedió el día de Pentecostés (en el piso de arriba del cenáculo, donde Jesús tuvo la última cena con sus discípulos): “Estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados: y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Cada uno de los que habían acudido a Jerusalén para la fiesta, de diversos países y culturas, los oía hablar en su propia lengua”.

Ese fue propiamente el nacimiento de la Iglesia. A partir de allí los discipulos de Jesús perdieron el miedo y comenzaron a multilicarse anunciando la llegada del Reino de Dios, realizando curaciones, liberaciones espirituales, signos y milagros aún mayores de los que realizó Jesús.

Las autoridades judías no aceptaron a Jesús como el Mesías, y comenzaron a perseguir a los cristianos. Lo mismo los romanos, que consideraron a los cristianos adversos al imperio, y los crucificaban a lo largo de los caminos o los usaban como antorchas para alumbrar las calles de Jerusalén por las noches. Nerón llegó al extremo de mandar incendiar la ciudad de Roma en secreto de noche para echarles la culpa a los cristianos y tener el pretexto de perseguirlos y echarlos a los leones (primer bandera falsa de la historia).

La persecución duró tres siglos, hasta que el emperador Constantino se convirtió al cristianismo y mandó terminar la matanza de cristianos.

El Espíritu Santo ha guiando a la Iglesia a través de casi dos mil años, con grandes frutos de santidad en muchos de sus miembros, y se ha valido incluso de la debilidad y corrupción de algunos para de allí sacar un bien mayor. En este sentido, es elocuente la parábola de Jesús sobre el trigo y la cizaña cuando los trabajadores de la viña le dicen al dueño que un enemigo sembró cizaña entre el trigo. Y le preguntan: “¿Señor, no quieres que vayamos y arranquemos la cizaña? Y el dueño de la mies les responde: No, no sea que al arrancar la cizaña arranquen también el trigo. Dejen crecer juntos lo uno y el otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: recojan primero la cizaña y aténla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero” (Mt 13, 24).

Lo mismo está sucediendo hoy en muchos sectores de la jerarquía eclesial. Después de que la Iglesia alcanzó su época de oro en la edad media, inspirando grandes logros en la moral, la política, la ciencia, el orden social, las artes, la filosofía y la teología, la doctrina de la fe, el enemigo de la Iglesia planeó ya no perseguirla desde fuera, sino infliltrarla y destruirla desde dentro, siguiendo la estrategia del caballo de Troya. Miles de jóvenes que en el siglo XIX y XX ingresaron a los seminarios para hacer la carrera sacerdotal, en realidad eran masones marxistas, agentes dobles de la KGB y de otras organizaciones. Hoy día son prominentes obispos y cardenales de los más altos niveles empeñados en destruir la fe de la Iglesia.

El Segundo Pentecostés
Cuando hoy día nos preguntamos: ¿por qué Dios permite tánta corrupción actual en la jerarquía, abusos sexuales, degradación en la doctrina y herejías en algunos, homosexualidad y abandono de la fe?, hay que volver la mirada a ese plan de infiltración. Y la respuesta de Jesús sigue hoy siendo la misma: “déjenlos que crezcan juntos”. Por otro lado pensemos que conforme pasa el tiempo se están poniendo en evidencia los bandos claramente: como los llamó Juan Pablo II: “El Evangelio y el anti evangelio, la Iglesia y la anti iglesia”, antes no sabíamos de qué lado estaba cada sacerdote, cardenal, obispo o Papa. Hoy día ya lo sabemos. Y conocemos, por la promesa de Cristo, que llegará el día de la separación. Esa división, ya de confrontación abierta, se iniciará justamente con el Segundo Pentecostés, que será el inicio de la siega, y culminará con la Parusía, el retorno glorioso de Jesucristo para instaurar su Reino en el mundo y premiar al resto fiel, a los que siguen el Evangelio y al Magisterio auténtico de la Iglesia.

Eso mismo es lo que les dijo San Pedro a las autoridades judías el día de Pentecostés (fue el primer discurso de Pedro) anunciando ya el segundo Pentecostés que sucederá en los últimos tiempos, citando al profeta Joel: “En los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; hasta en los siervos y siervas en aquellos días derramaré mi Espíritu. Y haré prodigios arriba en el cielo, y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes de la venida del día del Señor, grande y manifiesto. Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Jl 3, 1 Biblia de Jerusalén).

De este pasaje resaltan varias cosas:
1- El Segundo Pentecostés será para toda la humanidad, ya no solo para los discípulos cristianos: el Espíritu Santo vendrá a todo hombre y mujer, revelando el origen divino y cristiano de su venida.
2- En ese acontecimiento aparecerán con gran profusión los dones carismáticos en muchos cristianos y no cristianos que buscarán bautizarse inmediatamente (sueños, profetismo, sanación, liberación, etc.) como sucedió al inicio del cristianismo.
3- Sucederá como preparación (“antes de que venga el día del Señor, grande y manifiesto”) del retorno glorioso de Cristo para reinar en la tierra. Es errado pensar que “últimos días” se refiera al fin del mundo. Más bien, por el paralelismo con el Discurso de la Montaña en los Sinópticos, hay que pensar en la Parusía, la venida intrahistórica de Cristo para instaurar su Reino en el mundo.

De Joel y de varios profetas mayores, al igual que de San Pablo y San Juan podemos deducir que el nuevo Pentecostes:
1. Será el mayor derramamiento de gracia que ha habido desde la Encarnación.
2. Una bendición de la misericordia y el amor de Dios.
3. Internamente aportará una iluminación de las conciencias, un juicio particular en el que cada uno verá el estado de su alma como Dios la ve.
4. Será el último intento de Dios para atraer todos a la fe y amor de Cristo.
5. Será el inicio de la gran evangelización con poder, signos y milagros anunciada en Mc 24, 14 y Ap 14, 6.
6. Será el inicio de la primavera de la Iglesia, si bien ésta crecerá en catacumbas por la persecución del gobierno mundial y del falso mesías, el anticristo.

También el profeta Ezequiel se refiere al día grandioso del nuevo Pentecostés: ”Os daré un corazón nuevo. Infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas” (Ez 36, 26)

La nota de la Biblia de Jerusalén dice sobre este pasaje: “El Espíritu de Dios se apoderará de los hombres para dotarles de un poder sobrehumano, especialmente de los profetas. Los tiempos mesiánicos se caracterizarán por una efusión extraordinaria del Espíritu que alcanzará a todos los hombres para comunicarles carismas especiales”.

Esto nos lo dicen las Escrituras. Pero también la revelación privada de santos y místicos que han visto ese nuevo Pentecostés y han hablado de él: el P. Pio de Pietrelchina, Santa Faustina Kowalska, Conchita González de Garabandal, Vassula Ryden y otros.

Algunos hombres rechazarán el nuevo Pentecostés y la iluminación de la conciencia que Dios les ofrecerá, y se endurecerán aún más. Por ello se dará la persecución que el falso mesías emprenderá contra los fieles, desatando la amenaza contra ellos. Es por ello que en las Escrituras leemos que la evangelización llegará hasta los confines de la tierra (Ap 14, 6), los cristianos serán perseguidos (Ap 6,9) y los fieles serán martirizados (Mt 24, 9: Mc 13, 9-13; Lc 21, 16), hasta que Jesús mismo venga a rescatar a su Iglesia (Mt 14, 49; Mc 13, 35; Lc 21, 25) sublimando en ese momento la fiesta del Rosh Hashana.

La fecha del Segundo Pentecostés no la podemos saber, lo único cierto es que sucede, como dice el profeta Joel (y prácticamente todos los profetas mayores), posteriormente a que los judíos volvieron a su tierra en 1948, después de casi dos mil años de diáspora. Allí comenzaron bíblicamente los “últimos tiempos” ( no el fin del mundo, sino el final del periodo histórico que San Pablo llama el “tiempo de los gentiles", los actuales). Ese retorno a Palestina, el 14 de mayo de 1948, con la recreación de Israel, es la condición causal para que pueda acontecer la Parusía, y por ello también el Segundo Pentecostés que la precede.

También sabemos que el Segundo Pentecostés sucederá, como dice Conchita González, validada siempre por el Santo Padre Pio y los demás místicos y santos, “en el peor momento”, cuando el cisma de la Iglesia se haya cristalizado abiertamente y la guerra mundial se encuentre en su pleno fragor. Es decir, cuando la humanidad más lo necesite.

El Segundo Pentecostés será recibido interiormente en el alma de cada conciencia y coincidirá con un evento cósmico externo: aparecerá una cruz en el cielo, la señal del Hijo del hombre, con sus llagas gloriosas. Ante ello, el gobierno mundial ateo proclamará que se trató de un evento astronómico “natural”, un choque de asteroides, pero los creyentes sabrán que tal acontecimiento tiene un origen divino. Muchos se convertirán y muchos se bautizarán. Muchos correrán a confesarse. Allí empezará la división: la predicación del Evangelio por un lado, y la persecución de cristianos por el otro.

El P. Stefano Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, escribe estos mensajes que recibió de la Santísima Virgen sobre el Segundo Pentecostés:
“Entren todos ustedes en el nuevo cenáculo espiritual de mi Corazón Inmaculado para que se congreguen conmigo su Madre Celestial, en una plegaria intensa e incesante, a la expectativa de que el gran milagro del segundo Pentecostés, que ahora está cerca a la mano, se logrará...” La aparición de María no sólo predice que ella introducirá el Segundo Pentecostés, sino que también anticipa que la plena unidad bajo la Iglesia Católica también se alcanzará durante esta era.

Y en la solemnidad de Pentecostés de 1996:

"Con un extraordinario Cenáculo de oración y de fraternidad, celebráis hoy la solemnidad de Pentecostés. Recordáis el prodigioso acontecimiento de la venida del Espíritu Santo, bajo forma de lenguas de fuego, en el Cenáculo de Jerusalén, donde los Apóstoles se habían reunido en oración Conmigo vuestra Madre Celestial.

También hoy vosotros, recogidos en oración en el Cenáculo espiritual de mi Corazón Inmaculado, os preparáis para recibir el don prodigioso del segundo Pentecostés.

El segundo Pentecostés vendrá para hacer volver a esta humanidad que se ha vuelto pagana y que vive bajo el potente influjo del maligno, a la plena comunión de vida con su Señor que la ha creado, redimido y salvado.

Lenguas de fuego milagrosas y espirituales purificarán los corazones y las almas de todos, que se verán a si mismos en la Luz de Dios, y serán traspasados por la afilada espada de su Verdad divina.

El segundo Pentecostés vendrá para conducir a toda la Iglesia al vértice de su máximo esplendor.

El Espíritu de sabiduría la conducirá a la perfecta fidelidad al Evangelio; el Espíritu de consejo la asistirá y la confortará en todas sus tribulaciones; el Espíritu de fortaleza la llevará a un cotidiano y heroico testimonio de Jesús.

Sobre todo el Espíritu Santo comunicará a la Iglesia el don precioso de su unidad plena y de la mayor santidad.

Sólo entonces Jesús traerá a ella su Reino de gloria.

El segundo Pentecostés descenderá en los corazones para transformarlos y volverlos sensibles y abiertos al amor, humildes y misericordiosos, libres de todo egoísmo y de toda maldad.

Entonces el Espíritu del Señor transformará los corazones de piedra en corazones de carne.

El segundo Pentecostés abrasará, con el fuego de su divino amor, los pecados que oscurecen la belleza de vuestras almas.

De este modo vuestras almas volverán a la plena comunión de vida con Dios, serán jardín privilegiado de su presencia y en este luminoso jardín florecerán todas las virtudes, cultivadas con particular solicitud por Mí, vuestra celestial jardinera.

Así el Espíritu Santo difundirá sobre la tierra el don de su divina santidad.

El segundo Pentecostés descenderá sobre todas las naciones que están tan divididas por el egoísmo y los intereses particulares, por antagonismos que con frecuencia enfrentan las unas a las otras. Y así se han difundido por todas partes las guerras y las luchas fratricidas que han hecho derramar tanta sangre en vuestras calles.

Entonces las naciones formarán parte de una sola y gran familia, recogida y bendecida por la presencia del Señor entre vosotros.

Hoy os invito a entrar en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado, para recogeros en oración conmigo vuestra Madre Celestial.

Así unidos imploramos el don del Espíritu Santo y juntos esperamos la venida del segundo Pentecostés que renovará el mundo y cambiará la faz de la tierra".

Como preparación a ese momento solemne que será el segundo Pentecostés podemos hacer varias cosas:
Tener conciencia de que como cristianos podemos bautizar a otros. Recordar la fórmula a usar: “__________(nombre de la persona) yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, recordando que cuando hay necesidad (y habrá enorme necesidad), cualquier persona puede hacerlo (CIC 1256). Es importante recalcar la necesidad de llamarlos a un cambio de vida, y de que continúen profundizando la fe con el Evangelio y el Catecismo de la Iglesia Católica.


Estar preparados para recibir y ejercitar los dones carismáticos que el Espíritu Santo nos inspire, para el servicio de los demás en la profecía, la sanación, la liberación y la evangelización. A partir de ese momento comienza el renacimiento y la nueva primavera de la Iglesia, que culminará en el retorno glorioso de Cristo. La evangelización será la principal tarea apasionada de los quieran que el Reino se instaure ya. Empezará la restauración de la Iglesia y la sanación de millones de almas heridas y alejadas de Dios por el pecado. El Espíritu Santo nos enseñará lo mucho que es preciso hacer, e incluso nos transportará a donde haya que hacerlo.

 

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Last modified on Lunes, 09 Mayo 2022 21:40
José Alberto Villasana Munguía

José Alberto Villasana Munguía es escritor y analista de escenarios políticos, económicos y religiosos internacionales.

Estudió Teología (Universidad Gregoriana de Roma), Filosofía (Universidad Angelicum de Roma), Humanidades Clásicas (Centro de Estudios Superiores de Salamanca, España) y Comunicación Internacional (ITAM, México) especializándose en Escatología desde 1995.

Es Consejero Académico del Instituto Internacional de Derechos Humanos.

Es miembro directivo del Club de Periodistas de México.

Es Presidente de la asociación civil Vida para Nacer.

Ha recibido en tres ocasiones el Premio Nacional de Periodismo en categorías de Investigación de Fondo.

Está certificado en el ministerio carismático católico por la Encounter School of Ministry, Parroquia de San Patricio de la Diócesis de Lansing, en Brighton, Michigan.